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El imaginario social en el contexto tapatío

 

"Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas."

Juan Rulfo (1917-1986)

Juan Rulfo

Texto: Arq. Salvador Ortiz

Como sociedad, hay diferentes valores únicos e intangibles que resultan propios y que otorgan así, una identidad; además de su estudio y análisis, varios pensadores intervienen desde la aparición de éste concepto en cómo denominarlos y definirlos. Éste artículo presentará algunas de las definiciones de lo que llaman: “imaginario social” y esbozará la relación con respecto al contexto inmediato.
Fue el turco Cornelius Castoriadis, quien forja la expresión de “imaginario social”, misma con la que algunos investigadores en éste ámbito sustituyen con frecuencia, términos como: mentalidad, conciencia colectiva, ideología, entre otros; como forma de designar las “representaciones sociales”.

El “imaginario social” caracteriza a las sociedades humanas como creación ontológica de un modo de ser sui generis, absolutamente irreducible al de otros entes. Designa, también, al mundo singular creado por una sociedad una y otra vez, como el suyo propio.

El escritor y académico chileno Miguel Rojas Mix, señala sobre el particular: “una de las grandes revoluciones del siglo XXI es que estamos pasando de un conocimiento verbal, alfabético, a un conocimiento visual; de la cultura del logos a la cultura del icono. Aceleradamente el conocimiento cotidiano se construye cada vez más desde la visión, que genera significados, símbolos y valores.  En esa imagen se asienta el imaginario”.
Así el “imaginario social”, integra en el método a diversas disciplinas que convergen en el estudio de la imagen, desde: el psicoanálisis hasta los cómics, el arte, la publicidad, la historia, la antropología, entre otras.

La verdad es que un objeto es imagen y lenguaje, cuando adquiere significación. Una anécdota brillante la encontramos en los orígenes de nuestra historia. Cuentan que los incas enviaron al Virrey Abascal tres paquetes como presentes; el primero contenía sal, el segundo habas y el tercero cal. Fonéticamente su lectura era: “Sal Abascal”.

Entendemos por imaginario el encadenamiento de imágenes, con vínculo temático o problemático, que el estudioso reconoce como conjunto, o el individuo interioriza como referente.

También la mirada registra la seria amenaza de la globalización. La paradoja de la cebra es un ejemplo. Antropólogos lo comprobaron al preguntarle a un negro, cómo es una cebra. Su respuesta es común: es negra con rayas blancas; por el contrario, los blancos afirman que es blanca con rayas negras.
Situándonos en nuestro medio o en nuestra región, que mejor ejemplo que la obra de Juan Rulfo y la del arquitecto Luis Barragán, con esa sabia utilización del lenguaje cotidiano y campirano de Jalisco. Cada uno en su medio, hicieron universal algo que los jaliscienses saben suyo.

Rulfo con ese misticismo, con su forma de expresarse coloquial y amena, digna de la gente de la región, nos cautiva e interna en el sur de Jalisco con gran elocuencia: ”¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad.” (¡Diles que no me maten! - El Llano en Llamas- Juan Rulfo 1953) •